La década de los 90 fue un período de efervescencia y búsqueda en el arte contemporáneo argentino, y la Fundación Antorchas jugó un papel fundamental en la profesionalización de artistas de todo el país a través de sus reconocidos seminarios y clínicas de obra. Tuve el privilegio de ser parte de esta experiencia transformadora, participando en dos ciclos consecutivos en el NEA, con sede en Posadas, Misiones, entre 1997 y 1999 .
Aunque algunas documentaciones históricas a veces presentan omisiones sobre mi presencia, mi testimonio y la experiencia vivida son la prueba directa de mi activa participación en estas instancias formativas de altísimo nivel.
Clínica Antorchas 1997-1998: Diálogo con Maestros y un Reconocimiento Inolvidable
En este primer ciclo, pude trabajar y dialogar con referentes de la talla de Sergio Bazán, Oscar Smoje y el maestro Luis Felipe Noé . La riqueza de sus enfoques y la intensidad de las devoluciones marcaron profundamente mi proceso creativo. La oportunidad de interactuar con ellos y con un grupo selecto de colegas como Alejandro Mahave, José Mizdraji, Salvador Mizdraji y Mónica Millán, fue una verdadera inmersión en la vanguardia del pensamiento artístico.
Fue precisamente en la etapa final de este seminario, durante la presentación y evaluación de las obras de los becarios –una selección rigurosa para la muestra posterior–, que Luis Felipe Noé pronunció unas palabras que quedaron grabadas en mi memoria:
"Los cuadros de Mario [Natalini] son los únicos que no tuvieron objeciones, correcciones, por parte de los alumnos y de él [Noé mismo]. Se aprobaron todos."
Este rotundo aval por parte de Noé, en un contexto de crítica abierta y exigencia, fue un espaldarazo inmenso para mi trabajo y una confirmación de la solidez y coherencia de mi propuesta artística en ese momento.
Clínica Antorchas 1998-1999: Consolidación y Nuevas Perspectivas
Mi participación continuó en el segundo ciclo (1998-1999), donde tuve la oportunidad de trabajar con un nuevo panel de distinguidos docentes, incluyendo a Sergio Bazán nuevamente, Mónica Girón, Luis Wells , y los críticos Laura Batkis, Adriana Lauría y Fabián Lebenglik . Este período consolidó los aprendizajes y me permitió explorar nuevas perspectivas bajo la guía de estos referentes.
Compartí esta experiencia con un extenso grupo de colegas del NEA, como Alejandro Rodríguez, Andrés Bancalari, Diego Figueroa, Hugo Justiniano, Jarumi Nishishinya, José Mizdraji, Rosana Toledo y Salvador Mizdraji, entre otros, creando una red de intercambio fundamental para la escena artística regional.
Mi participación en las Clínicas Antorchas fue una etapa crucial de mi formación y desarrollo, validada por la guía de grandes maestros y por la propia calidad de mi producción, como lo atestiguan las palabras de Luis Felipe Noé. Es una parte esencial de mi trayectoria que me enorgullece recordar y documentar.