Mario Natalini, es obvio decirlo es un expresionista. Es alguien que pertenece a esa familia de artistas que exaltan el acto expresivo a través del medio lingüístico que utilizan en este caso la pintura. Pero señalar esto de alguien es no decir nada sobre, justamente, la naturaleza de la expresión que exalta. No es más que una etiqueta. Por otra parte, el expresionismo fue un movimiento dentro de la sucesión de vanguardias, que exaltaba la necesidad de que el aspecto expresivo personal en el discurso pictórico se explayara. La actitud de los sucesivos artistas posteriores sobrepasó el estrecho margen de un movimiento pautado en tiempo y lugar (Alemania en torno de la primera guerra mundial). El expresionismo como movimiento fue entendido como una exaltación del yo, cuando en el fondo era un hartazgo del yo y así de sus entrañas nació el abstraccionismo de Kandisky y luego el neo-plasticismo de Mondrian. Por esto el expresionismo quedó asociado a una etapa en la sucesión de vanguardias cuando, en realidad, subyace como posibilidad permanente, como el grito y la furia en el lenguaje de las palabras. Por eso es muy común hablar de neo-expresionismo. Mario Natalini ha bautizado esta serie de sus obras, las que ahora expone, con el nombre de “Informe de la Frontera”. La palabra “Informe” nos indica claramente el carácter lingüistico que tiene su pintura. La frontera es el tema y ella está dentro y fuera de él. El es un hombre de la frontera entre el Chaco Argentino y el Paraguay. Pero él está a su vez colocado entre la frontera de la razón y la explosión irracional; entre la palabra y todo aquello que la palabra no puede decir, desafiando lo indecible. Basta hablar con él para sentir que está mas cómodo con otro lenguaje, donde es capaz de gritar, así como silencioso y pausado es en la palabra. Pero su grito pictórico es mudo, como mudo son los gestos de quien no pudiendo hablar, toca. Y así sus paisajes de adentro y de afuera están marcados por la huella de la mano. Los rostros de los otros, son los rostros de su angustia con los otros, que suelen también estar marcados por la huella de las manos. Por todos lados deja su huella de las manos. Por todos lados deja su huella que responde a la que el mundo deja en él.

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